7 COSAS QUE NO PUEDES HACER EN MATERIA DE COMPETENCIAS: 4.- Comprar en una librería un diccionario de competencias para aplicarlo

Usar un diccionario de competencias es negar completamente la realidad de la organización, es echarla a la suerte en definiciones de competencias que tienen tanta validez científica como los horóscopos

Extracto Publicado en la Revista Gestión Pública y Desarrollo en Enero 2012

4. Comprar en una librería un diccionario de competencias para aplicarlo

Esta es de las peores. Si ha comprendido la seriedad del punto anterior, los famosos libros y los famosos autores que promueven “diccionarios” de competencias solo pueden encontrar mercado en profesionales que tienen urgencias de última hora para resolver procesos internos de competencias. Es una gran irresponsabilidad tomar definiciones de competencias comportamentales o conductuales para una organización desde un texto de éstos diccionarios. Es como leer el horóscopo: lea el texto de una competencia conductual en el diccionario e imagine que se refiere a otra competencia conductual y le encontrará también mucho sentido. Los libros de diccionarios de competencias pueden verse ordenados y consistentes pero definitivamente el aporte de un área de RRHH que emplea diccionarios externos al interior de su organización va a ser marginal, al igual que sus miembros.

¿del Value Share al Shared Value? El penoso último artículo de Porter

Michael Porter, insigne profesor de Harvard, cautivador de generaciones enteras de empresarios de todo el mundo, la persona que le dio sentido a la palabra estrategia, ha desarrollado en enero de este año un artículo en el Harvard Business Review sobre el Valor Compartido (Shared Value) como una forma diferente de capitalismo para “re-legitimar” el rol de la empresa en la humanidad.

El creador de la escuela del posicionamiento, el creador de la idea que la estrategia era una prolongación de la economía, el hombre que alimentó el impulso vampiresco de la creación de valor a los accionistas por medio de la (hiper) competitividad, la diferenciación en un mercado escaso, el bloqueo de nuevos competidores, entre otras cosas propias de la competencia de las empresas, ahora habla de “errores” cometidos por las empresas en décadas pasadas, sin un atisbo de mea culpa, solo dando primicias teóricas, cambios de enfoque.

Es evidente que ya no es sostenible un mundo basado exclusivamente en la racionalidad económica. El valor de un bien producido no puede ser el límite entre la cantidad de personas que no accederá y la cantidad de personas que accederá a dicho bien. Haber creado “valor” bajo estos principios de escasez, de limitación de recursos y de mercado una escuela de competitividad ha contribuido enormemente a las situación actual: de concentración de riqueza, mayor limitación de recursos y por tanto mayor agresividad en la competencia, de menores alternativas para los segundos y terceros.

La genialidad de Porter fue anticiparse a tantos años con una propuesta y una visión tangible como la escuela del posicionamiento. Este artículo, penoso nuevamente no es ni la sombra de sus artículos de hace 30 o 40 años, es un intento sin dirección, sin sentido racional o emocional de mantener una vigencia, sin reconocer los errores, las limitaciones de su escuela estratégica, concentrando tanto prestigio, que se ahoga en sí mismo cuando trata de ver que se asociará a una época penosa de la humanidad.