Petróleo, Cobre, Gas y Canibalismo.

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Como si nunca hubiese prometido en serio, ni en sus peores momentos; como dignos descendientes de las extravaganzas romanas, como si no hubiera mucho que hacer, América Latina vuelve a tropezar por tercera, cuarta o quinta vez con su mismo defecto: Las divisiones díscolas, alteradas y morbosas que, sin importar el motivo, ingresan en una guerra de desgaste donde pierde directamente la sociedad, donde abundan las victorias de corto plazo para algunos, sacrificando el futuro de los ciudadanos.

Tan eficaz como estúpido, dejamos en claro  que podemos echar todo por la borda al triple de velocidad de lo que nos tomó construir y mejorar nuestra precaria realidad. Los grupos de poder en diferentes países se enfrentan a una escala tan devastadora que ni siquiera Shakespeare pudo imaginar para sus tragedias…a lo mejor los mayas sí.

Por más justificable que parezca en el discurso, en Argentina se está produciendo un cambio en las estructuras de poder, sin medir las consecuencias para los millones de argentinos al expropiar unas acciones y no otras en YPF. La expropiación no es mala pero la expropiación selectiva sí. La racionalidad económica de esta decisión tambalea frente a la contundencia de una realidad política que amenaza nuevamente desmembrar un país y, una vez más, mandar a los argentinos a las profundidades de la pérdida de confianza interpersonal e internacional…más profundo que cualquier pozos petrolero de los que tienen o dicen que tendrán.

En el caso de Chile existe un descontrol total en los grupos de poder y, agradeciendo a los iluminados que redujeron el periodo presidencial de 7 a 4 años, somos testigos directos de una perpetua guerra electoral que despedaza las decisiones de gobierno, donde la integridad y dignidad de los ciudadanos es sacrificable por unos cuantos puntos de la encuesta de opinión pública, donde empresas de pocos se cuelgan del Estado para lucrar y sostener un falso modelo neoliberal. Esta involución, que es responsabilidad tanto de la Concertación como de la Alianza, es penosa para un país que crecía con el empuje de sus ciudadanos pero que no puede tener la oportunidad de madurar como sociedad, especialmente si es que hay alternativas electorales obligatorias como lo plantea el sistema binominal. Simplemente predominará monopolio de la discordia.

En el caso de Perú, encontramos  la vertiente de los problemas de una alianza electoral cuando ya debe afrontar las responsabilidades de gobernar: Las fragmentaciones que se dan al interior de los miembros de dicha alianza son inmediatamente aprovechados por otros grupos ávidos por ingresar al círculo del poder. Los actores de la coalición de gobierno actual no controlan los mecanismos de entrada al “mercado del poder” ni mucho menos los “mecanismos de salida”. En estas guerras intestinas cada uno saca sus armas secretas: terroristas, presidentes regionales secesionistas, narcoterroristas, psicosociales, etc. Aún piensan en cómo ordenarse por dentro en vez de gobernar.

La porfía de buscar la vida complicada, evadiendo lo intuitivamente correcto, usando la sed de poder para pelear tanto que sólo se termina con unas gotas en los labios; la negación de la unidad de dirección para transmitir una expectativa mínima de respeto a los ciudadanos…Simplemente todo esto parece una broma morbosa, como dioses griegos jugando monopolio.

Vamos a tener que buscar nuestro camino propio para el desarrollo, porque una Unión como la Europea simplemente no forma parte de nuestro ADN.

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